Despacho del Mizukage.

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Despacho del Mizukage.

Mensaje por Niikura Ryuuji el Vie Mar 02, 2012 4:45 am

En el edificio más amplio de Kirigakure no Sato, en su último piso, después de recorrer los pasillos como laberintos que sólo los ninjas de la aldea conocen de memoria, se encuentra la oficina del Mizukage. A su izquierda se encuentra la oficina de mensajería, mientras que a su derecha se encuentra la biblioteca personal del Mizukage. El despacho puede ser reconocido fácilmente por su puerta de oscuro ébano adornada por un kanji de "agua" en la parte superior, el cual está seguido por el símbolo de Kirigakure, ambos de oro sólido. La puerta es muy pesada, y produce un sonido característico al ser abierta, como si un clavo oxidado fuera usado para escribir en una pizarra. Este sonido no se reduce, sin importar que la puerta se abra rápido o despacio.

Cuando la puerta de ébano deja de bloquear la visual, lo primero en verse es el escritorio del Mizukage, el cual también es de ébano, más pulido que la puerta y con el mismo kanji de "agua" al frente. Detrás del mismo se encuentra un amplio ventanal que da paso a un balcón, desde el cual se puede observar toda Kirigakure en detalle. Volviendo al despacho, sus muros son de un blanco bastante sobrio, y se encuentra adornado por unos cuantos cuadros abstractos. En la esquina izquierda hay un estante con grandes cantidades de pergaminos y documentos de la academia ninja, los cuales el Mizukage recibe periódicamente. El suelo se encuentra cubierto totalmente por una alfombra color gris.

Usualmente sentado en la silla tras el despacho, revisando documentos, se encuentra sentado un ninja de Kirigakure utilizando un Henge para verse igual que Niikura Ryuuji. El verdadero Mizukage usualmente se encuentra en la biblioteca de al lado, leyendo o tocando música. Sin embargo, puede escuchar todo lo que sucede en su despacho, por lo que si necesita ir en persona, el ninja sale de la habitación e intercambia lugares con el Mizukage.


-Mizukage-sama, ¿cuánto tiempo más tendré que estar aquí? -preguntó en voz alta el shinobi, esperando una respuesta de su superior. Esta no tardó en llegar a través de un parlante integrado en el despacho, el cual Ryuuji utilizaba para comunicarse con su subordinado. -Cuanto se me dé la puta gana, Heian. Ahora sigue aprendiéndote esos informes o te recortaré la paga. -Sin duda alguna, el joven Mizukage no aparentaba preocupación alguna por el bienestar del shinobi a su cargo, pero eso era debido a la confianza que le tenía.

-Oye Heian, ¿qué piensas de esta canción? -se escuchó antes de que [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] comenzara a ser oída por el altavoz, llenando el despacho con cada nota. Heian sonrió de forma resignada antes de contestar. -Cada vez toca mejor, Mizukage-sama, y debo decir que... -Eres un jodido lamebotas, Heian. -dijo el quinceañero al terminar de tocar, para después reír sonoramente. -Ya vuelve al trabajo. -Sí, Mizukage-sama -respondió el asistente del Mizukage con una sonrisa. Así eran siempre las cosas con Niikura Ryuuji, no sabías qué esperar de él.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Obuchi Tsuyu el Dom Mar 04, 2012 6:49 am

Plantada como un monolito en medio del pasillo, Tsuyu permanecía inmóvil frente a la pesada puerta del despacho. Sus orbes añil estaban fijos en el emblema de oro del que el ébano hacía alarde, perdidos en el fulgor dorado y los pequeños destellos que la iluminación del recinto le arrancaba al metal, mientras permanecía ensimismada en recapitular todo lo que había hecho hasta ese momento. Pero la densa niebla de Kirigakure parecía haberse instalado en su mente impidiéndole pensar en ninguna otra cosa que no fuera lo que le esperaba del otro lado del umbral. Estaba en blanco.

No sabía decir con precisión qué era lo que le mantenía tan quieta. Sospechaba que alguna entidad superior ajena a su conocimiento había unido fuerzas con la gravedad y, juntas, conspiraban en contra del desesperado intento de la pelinegra por dar un mísero paso al frente. Aquello era el colmo. Tanto se pronunciaba en contra de la parálisis, tanto aborrecía aquella actitud dubitativa, que terminó suspirando con pesar y estirando la diestra hacia la puerta de ébano. Golpeó suavemente una sola vez. Creía que no hacía falta armar mucho alboroto al llamar, siendo del tipo de individuo que prefería no tener que hacerlo.

Rumores. Algunos, claramente insidiosos. Otros, bastante desalentadores. Por lo visto, el nuevo Mizukage era un adolescente cuyo mal carácter le había creado mala fama entre sus shinobis, los que hicieron correr aquella información haciendo uso de la misma celeridad con la que divulgarían una alerta de invasión. <Error de prioridades>, pensó la kunoichi para sus adentros, ansiando fervientemente que aquel chisme fuera pura falacia de gente sin nada importante de qué ocuparse. Pero si por esas triquiñuelas del destino resultaba que su superior era un maleducado, ella no tendría otra opción más que someterse al mal genio de otro para intentar coexistir en pro del bien general.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Niikura Ryuuji el Dom Mar 04, 2012 8:35 am

Un suave golpe resonó en el ébano, extendiéndose hasta llegar a los oídos del falso Ryuuji, y también a los oídos del verdadero, el cual podía oír todo lo que en la habitación contigua acontecía. El shinobi de Kirigakure se levantó del asiento que ocupaba, caminando lentamente por la alfombra que cubría el piso, sin contribuir a la ruptura del silencio que se había formado después del toque en la puerta. Después de todo, se trataba de Heian, el único shinobi al que el Mizukage le había confiado su despacho, su habilidad no era menor. Al llegar junto a la puerta, se dispuso a preguntar quién era la persona que tocaba, pero se contuvo, no era algo que Ryuuji haría. Colocó la diestra en el pomo de la puerta y se dispuso a abrirla.

En cuanto comenzó a hacerlo, el característico sonido que esta producía rompió la calma que hasta el minuto reinaba. Una orquesta de instrumentos desafinados inundó el despacho y sus alrededores, haciendo que el pobre subordinado del Mizukage comenzara a lagrimear de la molestia. Odiaba tanto ese ruido, y aunque lo escuchara prácticamente a diario, no podía acostumbrarse a él. La puerta no tardó mucho en abrirse, pero Heian se cansó al hacerlo, por lo que colocó ambas manos sobre sus rodillas para tomar un respiro. En cuanto alzó la mirada, no pudo evitar hacer una reverencia al ver a la kunoichi frente a él. Olvidando que estaba tomando el lugar del Mizukage, el joven chunnin le dedicó un gesto de respeto a la única jounnin que había en la aldea desde que el joven Niikura se había encargado de hacer que su oponente por el cargo de Mizukage se retirara de la vida shinobi permanentemente.


-Es un honor verla aquí, Obuchi-san. -replicó con tono nervioso el joven Heian, mientras que en la habitación contigua, Ryuuji escuchaba con una gota de sudor recorriendo su frente. -Esa no es la reacción que esperaba de ti, Heian... Tan estricto cuando se trata de estudiantes, pero no puedes mantener la compostura frente a una jounnin. -Susurró para sí mismo, saliendo de su biblioteca sigilosamente. El chunnin habló nuevamente. -Por favor, entre...

-Tus servicios ya no son requeridos, Heian. Tómate la semana -replicó Ryuuji con seriedad desde atrás de la Kunoichi, haciendo que su subordinado cayera de espaldas y deshiciera su técnica de transformación, mostrando a un shinobi pelicastaño de vestimenta similar a la que usaría un estudiante, con la bandana sobre la frente y una expresión de pánico por la aparición del peliblanco. En ese minuto se dio cuenta de su error, y palideció casi al punto de quedar totalmente blanco. Con prisa se levanto e hizo una reverencia antes de salir disparado por el pasillo. Ryuuji dio un suspiro de resignación, ya que había revelado su sistema de seguridad, o como él lo llamaba, su "método de ir al trabajo sin tener que trabajar de verdad".

Sin mirar a la kunoichi, pasó por su lado hasta llegar junto al pomo de la puerta, para finalmente voltearse y mirarla directamente a los ojos, encontrando el añil de ella con su intenso rojo. Con dicho gesto intentaba mostrarle confianza, pero nunca había sido muy bueno en eso, por lo que extendió su zurda hacia adentro, apuntando al centro de la habitación.
-Adelante -dijo el joven Niikura en un suave tono afable sin bajar la mirada, con la intención de seguirla hasta que hiciera ingreso a su despacho.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Aidan McKinlay el Dom Mar 04, 2012 8:50 pm

Spoiler:
Me habías mencionado que postease, no sé si era en este preciso momento pero bueno.

Intentando adaptarse a lo que era, en su opinión, una mera monarquía, donde todo se regía en niveles de poder que a su visionar no eran más que estupideces. Jamás había estado de acuerdo con ello, mucho menos con los pareceres de varias aldeas, sin embargo, debía mantenerse cercana a alguna, siendo la mejor opción aquella en la que se encontraba. Sus opciones eran reducidas, tal vez podría llegar a encontrar lo que estaba buscando, un mejor control de lo que lo atormentaba, en recepción a una herencia maldita que no hacía más que desgraciarlo. Con el tiempo había logrado asumirlo, ocultándolo al menos cuando tenía la conciencia tranquila, saliendo solo en situaciones extremas y que lo hacían perder el control sobre su mismísima alma. En sí, no era su culpa, los demonios eran seres hambrientos que quería su paga en el tiempo, consumiendo su propio espíritu en ocasiones o con el gusto de otros ajenos.

Por la obligación que aquello demandaba, presentarse ante una persona que desconocía por completo y aldea de la cual pertenecía hace no demasiado tiempo. Justamente desconocía por completo su manera de actuar, aunque tampoco le preocupaba en lo absoluto. Iba con su vestimenta clásica, fuera de lo normal de los ninjas que habitaban aquel mundo, simulando ser un ciudadano más del montón pero con vestimenta cuidada. Llevaba consigo dos armas de filo, ambas dispuestas a lo largo en la espalda, manteniéndolas ocultas ante la primera mirada. Caminando por los alrededores del clima húmedo, pasando por casas inundadas por la niebla eterna que ahogaba la zona, cualquier que no estuviese acostumbrado a ese tipo de cosas le resultaría molesto.

Posaba la diestra por sobre el hombro, otorgándose a si mismo un pequeño masaje en intento de liberar tensiones, ante el pensamiento de querer escapar de lo que era irremediable. No había otra manera de enfrentar a las adversidades que se le presentaban, ganarse de la confianza del gobernador era una opción más que clara, con la intención de satisfacer sus propias necesidades espirituales. No debía hacer estupideces, muchos menos mencionar la aldea a la que antes pertenecía con los dilemas que se provocaban en aquel tiempo, siendo considerado un nómade por la mayoría de los habitantes que lo conocían. Su mano cambió de lugar, tomando la otra por la zona superior, tocando el emblema que ahora posaba en ella.

Sus recuerdos lo invadieron, haciendo mención a lo que era anteriormente su protector, cuidador, guía o como se le quisiese llamar. Una persona habilidosa en diversos aspecto, siendo el primero en ofrecerse ante la ayuda al problema con el que contaba, había logrado cierto avance en ello pero sus propias decisiones y pensamientos no hicieron más que alejarse de él, posiblemente tomado como una mera traición. Todo esto había ocurrido a consecuencia del daño que ocasionaba a sus alrededores con lo que poseía en sus interior, al menos a edades muy bajas, siendo unos seis años atrás, no era capaz de mantener oculto siquiera cuando estaba calmo.

Había terminado en un edificio, llevado por el destino y apareciendo en una situación bastante incómoda a su parecer. En un visionar de un niño a comparación de la propia edad con la que contaba, no así parecía ser la actitud con la que contaba al notar ciertos aspectos ante la escena. Se atrevió a irrumpir en el lugar de manera lenta, bajando un poco la mirada para luego levantarla y dirigirla en inspección a los presentes. Una mujer hipnotizante, alguien que llamaba su completa atención a puntos inimaginables, con una voz latente en su cabeza que no hacía más que encontrar la perfección su tez blanquecina y mirada asesina.

Hizo un gesto de respeto con la cabeza ante los presentes, a la vez que se disponía a hablar con una voz gruesa. – Disculpen mi intromisión. Aidan McKinlay, a sus servicios. – Por mucho que le costase mencionar las últimas palabras pero debía mantenerse en ello hasta el momento. Mostraba en él una edad avanzada, muy similar a la que tenía la joven presente juzgando a simple vista. Su mirada se posó en lo que parecía ser el Mizukage, persona a la que la mayoría sentía un temblequeo ante su presencia, aunque esa situación no se daba en él en lo absoluto, siendo carente de temor en demostración a los rasgos faciales con los que presentaba en ese instante. Se había dejado a la deriva, sí, consumiéndose ante la vagancia y posiblemente perdiendo el filo que tenía cuando contaba con una menor edad, pero no por ello no lo recuperaría con el tiempo.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Niikura Ryuuji el Lun Mar 05, 2012 7:34 am

El joven peliblanco mantuvo fija su mirada en la kunoichi, intentando buscar en los ojos de ella respuestas para las cuales aún no poseía preguntas. Su rojiza mirada, calma e inquisidora a la vez, no se despegó de los ojos índigo ni siquiera cuando el sonido de unos pasos quebró el breve silencio que se había formado. En cuanto el sonido se detuvo y una nueva presencia se anexó al cuadro, Ryuuji apartó la mirada, emocionado y decepcionado a la vez, por no encontrar mucha información en la mirada de la pelinegra, para después fijarla en el recién llegado, el cual en ese momento hacía un leve gesto en forma respetuosa. -Tengo que prohibir las reverencias y las muestras de respeto... Es incómodo -pensó Ryuuji mientras el hombre pelicastaño comenzaba a hablar con una voz acorde a su apariencia. "A sus servicios"... ¿Por qué carajo todos debían estar a su servicio? Todos ellos eran ninjas, todos compartían la misión de proteger Kirigakure no Sato, ¿por qué tanto respeto a una persona sólo porque tenía más responsabilidades que los demás? -Absurdo... -Concluyó dentro de su mente, mientras que una gota de sudor adornaba su sien izquierda de forma caricaturesca.

Finalmente, de la forma menos descortés posible, Ryuuji giró sobre sus talones, dando la espalda a ambos, y se adentró en su despacho. Los pasos del Mizukage producían un leve sonido, esto debido a que la alfombra absorbía la mayor parte de los mismos. Sin mirar hacia atrás, atravesó la habitación hasta llegar al ventanal el cual abrió para salir al balcón, perdiéndose de la visual de ambos ninjas junto a la puerta del despacho por unos momentos. Al regresar por el costado derecho, se pudo apreciar que venía arrastrando un par de sillones negros, los cuales hacían juego con la silla principal de su despacho. Los entró uno a uno por la gran ventana abierta, para después ordenarlos frente a su despacho, de modo que quienes allí se sentaran pudieran ser examinados por el joven shinobi. Por la apariencia prolija y la fragancia que emitían, parecían haber sido lavados recientemente. El mismo Ryuuji los había dejado el el balcón, esperando que se secaran.

Le tomó cerca de cinco minutos entrar y organizar los sillones, después de los cuales tomó asiento en la silla tras su despacho. Apoyó ambos codos sobre la mesa y entrelazó sus manos para que actuaran como un improvisado soporte para su mentón.
-Tomen asiento, por favor -dijo en un tono amable pero firme, como dando una invitación que no podía ser rechazada. -Y dejen la puerta abierta al entrar, si no es molestia. -Lo que quería decir con eso era claro, al menos para él: no quería levantarse de su asiento en lo que durara esa conversación. Con la mirada, y de forma fugaz, examinó los documentos que se encontraban desordenados sobre el despacho, los cuales eran los registros de ninjas de Kirigakure no Sato. Él ya los conocía de memoria, por lo que estaba obligando a su asistente a que se los aprendiera. Sin emitir palabra alguna, regresó su mirada a ambos ninjas, esperando a que tomaran asiento antes de continuar.





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Palabras para reflexionar. (?)
"Enfoca cualquier situación problemática como lo haría un perro: olfatea el problema, y si no te lo puedes comer o follar, méate en ello y vete."

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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Nisho Aburame el Lun Mar 05, 2012 8:10 am

Caí al piso tras mi quinto intento de encontrar la oficina de la máxima autoridad de la aldea. Quien quiera que hubiese hecho ese diseño estaría revolcandose de la risa gracias al sufrimiento de mi mala orientación. me puse de pie y pasé por varias puertas y ahí surgió un nuevo insulto al mismo diseñador de aquel sitio. Me golpié en la cabeza con el dintel de cada una de las puertas. No sabía si maldecir al arquitecto o a mi genética de estatura grande.

Depués de varios pasillos y golpes encontré por fin mi destino: El despacho del mizukage. Por primerza vez una buena noticia en aquel recorrido. La puerta estaba abierta así que entré sin tener que llamar, era algo que siempre me cansaba y desesperaba.

Cuando ingresé al lugar logré notar a dos personas en ese sitio delante mío y una sentada en una pose de "olgazan" en el escritorio. Me relamí los labios. Con lo poco que se abrió mi boca se mostraron unos colmillos negros que hacían un raro (aunque para mi bello) conjunto con mis ojos completamente negros con tres pupilas blancas. Me acerqué a los dos tipos; para mí, eran como insectos, pero no por ofenderlos, sino por que gracias a mi estatura, el mas alto no pasaba de mis pectorales. Cruzé mis brazos inferiores, llevé mi brazo superior izquierdo al mento y el superior derecho a la nuca tratando de asimilar la situación.

-Si hay tantos shinobis aqui, sólo puede significar una cosa... -sonreí grotescamente y con mis brazos superiores les di una palmada en la espalda a ambos shinobis frente a mí-. Hay una fiesta ¡Que emoción!

El silencio tan puntual como siempre me respondio mi pregunta dejandome como estúpido. Después de eso volví a hacer mi clasica postura de "ninja que piensa las cosas obvias de mas" tratando de asimilar la escena. Sin exito alguno me quedé cruzado de cuatro brazos.

-Como sea -dimití a mi intento de investigador y me centré a lo que venía-. Mizukage estoy aquí por que estoy sumamente aburrido ¿No podemos pelear o algo así? ¿Me podría entrenar en cuanto a técnicas de la aldea? ¿Interrumpo algo? ¿Me puedo unir a esto?
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Karak ~ el Lun Mar 05, 2012 5:11 pm

La idea de visitar a alguien que no conocía y tampoco le interesaba conocer, era evitada en su mente, tratando de aliviar el dolor de cabeza que sufría la misma en aquel momento. Alzó su rostro. Aquel sol que se suponía.. era radiante, se veía de una forma muy extraña desde el lugar donde se encontraba. La niebla, característica de Kirigakure, conocida por estar presente todo el tiempo, al parecer se hacía más densa en aquella zona, haciendo más difícil la tarea de verlo. En realidad, se veía, pero en vez del sol, parecía la luna, oscura y fría. ¿Por qué debía visitarlo?, ¿acaso, le daría algo importante? Tal vez...¿alguna misión?, era imposible, él jamás había pedido algo así. – Tendré que ir – Murmuró resignado, moviendo su rostro de lado a lado, negando rotundamente aquella presentación que tendría que hacer.

Verdaderamente, presentarse ante el Mizukage que no lo conocía ni tenía interés de hacerlo era un verdadero fastidió. Nunca antes había demostrado respeto ante nadie, y esta no sería la primera vez. Sin dudas haría algo... quizás haría una esporádica presentación y listo, con eso sería suficiente... solo quizás. Comenzó a caminar. Sus pasos eran cortos y lentos, dando a entender en cada uno de ellos, las pocas ganas que tenía de visitar a el jefe de su aldea, al cual no estaba dispuesto a demostrarle respeto, ya que para él, no había hecho nada importante. – Allí esta – dejó escapar de sus labios. Sus ojos ámbar se clavaron en la entrada principal de aquella estructura. Se trataba del edificio más amplió de Kirigakure no Sato, más bien conocido como el lugar donde se encuentra el despacho del Mizukage. Resopló, bufando de mala gana mientras daba pequeños pasos hacía el lugar. Esta vez, caminó con mayor frecuencia y dio pasos más largos, entrando en aquel lugar donde se encontraba el Mizukage, seguramente.

No tardó muchos minutos en encontrar aquella gran entrada de ébano, decorada con un Kanji, que parecía decir “agua“. Sin preámbulos, abrió la puerta rápidamente, notando como un joven de gran estatura entraba justo delante de él. Su sonrisa misteriosa apareció en su rostro, ¿que sucedía?. Quizás, había sido una simple coincidencia, pero de espaldas, aquel sujeto que había visto entrar en el despacho del Mizukage, era Nisho Aburame, lider del clan Aburame, puesto que Kabuto, también conocido como Karak, anhelaba con todo su ser. Acomodó sus lentes y sonrió ante los presentes luego de que un silencio imponente se hiciera presente en aquel amplió despacho, luego de que Nisho, dijiera aquellas palabras que lograron escapar una minúscula risa en Karak. – Disculpen por mi atrevimiento, pero... si quieres pelear, ¿por qué no luchamos por el cargo que ostenta, Nisho? – Dijo, dejando en claro sus intenciones. Tomó aire sin dejarlo notar, y comenzó a hablar nuevamente. – Obviamente no sería una lucha a muerte...solo sería por el título. Ah, por cierto... me llamo Karak, un placer Mizukage – Su atrevimiento era notable, su imprudencia aún más, pero que más daba...

Su “humilde“ presentación, concluyo con una mínima reverencia hacía el lider de su aldea, posando en su rostro una sonrisa falsa.

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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Obuchi Tsuyu el Mar Mar 06, 2012 4:49 pm

Tsuyu no respondió al educado recibimiento enseguida. Solía tomarse su tiempo para memorizar cada rasgo relevante de su interlocutor, escuchándole hablar y mirándole fijamente como una autómata. Y cuando estuvo a punto de emitir palabra, el sujeto con el que creía que iba a montar una tertulia lo más amena posible terminó siendo un mero cebo. El muchacho al que había brindado casi toda su atención deshizo su disfraz al oír la voz que rodeó a la pelinegra con alas invisibles, dejándola a ésta última algo descolocada internamente, y con el semblante vuelto hacia un individuo menudo y nervioso.

Una rápida reverencia por parte del castaño fue lo último que vio antes de perderlo de vista, oyendo poco más que su apuro por salir del recinto y emprender el avance por el estrecho pasillo. Rebasándola por el flanco izquierdo y adentrándose en el despacho, el motivo de su visita se apoderó de su territorio y le indicó que entrase, con un leve gesto. La mujer no despegó los ojos del Mizukage a quien, afortunadamente, había juzgado mal. Aquél la había sorprendido gratamente al mostrarse reacio a comportarse como los chismosos le describían con tanta malicia, conservando la compostura olímpicamente y demostrando cierto tinte serio en su proceder. Era joven. Muy joven. Y aquella madurez repentina parecía contrastar de forma alarmante con la edad que parecía ostentar.

La fémina obedeció sin poner pegas y guardó silencio. No gustaba de empezar las conversaciones, y detestaba verse obligada a romper el hielo por su cuenta si no le inquirían nada primero. Se limitó a cruzarse de brazos y dirigir una mirada ausente al escritorio de su superior, esperando órdenes directas y menos formalidades, y ansiando poder marcharse del lugar cuanto antes para sumergirse en la monotonía a la que estaba acostumbrada. Pero lo único que obtuvo fue un breve momento incómodo en el que el joven Mizukage clavó la vista en ella con tanta vehemencia, que la pelinegra se preguntaba internamente por qué aquél no se dignaba a comenzar la reunión de una vez.

Y justo cuando estaba a un pequeñísimo pelo de abrir la boca y reclamar, un tercero apareció en escena y le obligó a mirarlo de soslayo. Veinteañero, de porte calmado y, al parecer, muy buena educación, a juzgar por un simple accionar y pocas palabras. Sin hacer mucho caso al asunto, Tsuyu retomó la encarnizada batalla contra el escritorio, creyendo ser capaz de reducirlo a cenizas si continuaba enfocándose tanto en él. No tenía otra cosa que hacer mas que esperar, mientras contaba las carpetas sobre la mesa como si no hubiera algo más interesante en qué fijarse. Y para ella no lo había. Por lo visto su hastío era obvio, dado que el joven peliblanco había abandonado el recinto unos momentos para enseguida volver con asientos tibios por el sol, colocándolos a placer frente a su mesa de ébano.

Pero no tuvo tiempo ni para replantearse si quería sentarse o no. Un cuarto shinobi irrumpió en la estancia, tirando abajo el absoluto silencio que lo había cubierto todo cuando el eco de las palabras del Mizukage se había desvanecido en el aire. Y entonces ocurrió: el recién llegado, emanando confianza y tal, palmeó no sólo la espalda de la mujer sino también la de su homólogo, quien se encontraba a su derecha con el semblante inexpresivo vuelto hacia el peliblanco.

El contacto despertó en ella un básico impulso de voltearse y propinarle un puñetazo al recién llegado, ya que no estaba acostumbrada a recibir un trato tan informal. Había sido criada en base a la rigidez más inflexible, la compostura y el respeto hacia otros, habiendo perdido totalmente cualquier tolerancia para con gestos como aquél. Pero en cambio, abrió y cerró la diestra repetidas veces, buscó el rostro del Mizukage y tomó asiento haciendo caso omiso de lo acontecido. Impertérrita, se cruzó de piernas y suspiró con pesar. No estaba molesta. Sólo podía verse un pequeño atisbo de indignación en su mirada. Nada más.

«Si entra alguien más, me lanzo al vacío», pensó la pelinegra mientras miraba hacia el balcón. No le gustaban los lugares cerrados, las reuniones que demoraban en concretarse, la muchedumbre y, en este caso, el exceso de testosterona en el ambiente. Se alisó la seda del kimono con parsimonia, distrayéndose levemente al pensar en lo mucho que extrañaría aquella ropa. Si le exigían, sin excepciones, usar el uniforme que le correspondía, lo haría de buen grado a pesar de todo. Pero le gustaba la idea de pasar desapercibida, estuviese donde estuviese, sin banda identificatoria, sin nada que delatara el estandarte por el que estaba dispuesta a dejarse la vida. Era hija de Sunagakure, amiga de Konoha, guerrera de Kirigakure.

Para su mala suerte y como si le hubieran leído el pensamiento, otro sujeto más se sumó al encuentro irrumpiendo en la estancia pero con clase. Tsuyu oía el barullo detrás de sí, negando con la cabeza casi imperceptiblemente. «Consideraré lo de lanzarme al vacío, supongo», se espetó a sí misma, auto-convenciéndose de que sería una excelente idea abandonar el recinto con tanta elegancia, dejando a los varones desenvolverse como gatos entre la leña.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Aidan McKinlay el Miér Mar 07, 2012 4:43 am

Información:
Lo que se encuentra entre "«»" sería uno de los demonios/espíritus de la propia habilidad creada, cosa que solo se escucha en su cabeza.

PD: Mierdilla mi post, mierdilla everywhere. (?)

Qué manía la de la gente, tratar de llamar la atención de cualquier manera que fuese posible, aún afrontando a las consecuencias que aquello pudiese erradicar. Todos tenía su manera, era notable la tranquilidad que llevaba en el cuerpo, no había otra forma de encontrarse teniendo en cuenta que no le gustaba salir de su eje tan estructurado, cosa que lo había llevado a tomar unas decisiones muy complicadas hace tiempo, esperaba no pasar por ello una vez más, no quería. No tenía un guión estricto para controlar la situación incómoda que se encontraba, tipos que se comportaban como niños tratando de armar un revuelo en medio de lo que debía ser mera presentación, escapando del tema en su totalidad, cosas que deberían de hablarse en otros momentos, siendo que esa no era la ocasión.

– Pero que lindo, gente que busca que su poder quede plasmado en un título. – Largó al aire a medida que hacía una mueca, comenzando a avanzar hacia el lugar indicado por parte del Mizukage, ciertamente no quería meterse en aquello pero lo que buscaba hacer estrictamente era transmitir que lo que se hablaba no era coherente. No podía evitarlo, esos comentarios innecesarios que le salían en el instante, tal vez con intenciones que en ocasiones no se podían entender de manera completa, tratando de evitar sonar desagradable como la mayoría solía serlo. Tomó posición en el asiento indicado, junto a la joven que no podía dejar de atrapar su atención aunque disimulándolo por completo, una esencia tan peculiar que las féminas le causaban en él mismo, seguramente sumiso ante los que lo dominaba en su interior.

«Se nota que te tiene loco» Resonó en su interior de manera inevitable, sintiendo un de esos espíritus provocar un escalofrío en él, con una tos que se pudo ver en el exterior tratando de disimular, quedando completamente en silencio sin responder a aquel llamado. No era más que un simple indicio de provocación, tal vez la manera de intentar salir a luz con las armas que se tenía en ese instante, cosa que no dejaría que ocurriese. Pasó su mano por sobre uno de sus ojos apretando de manera notable a medida que avanzaba por su rostro para morir en su mentón, con cierto nerviosismo que cesó luego de un tiempo, logrando sobrellevar la cosa sin demasiadas complicaciones, al menos en ese momento.

Era sencillo tomarlo de loco a primera vista, aunque probablemente no se notaría teniendo en cuenta el cuidado que tuvo, pareciendo un padecimiento que tenía el joven, sea un resfriado normal o de cualquier índole. – Supongo que tiene trabajo. – Adjudicó ante lo mencionado por los nuevos presentes, rigiendo en ellos los deseos de entrenamientos y otras cosas derivadas, cosas que alguien como él que técnicamente se dedicaba a pasársela de vago por cuestiones obvias no le importaban en demasía. Se cruzó de brazos, tomando una posición relajada, sintiendo que el momento de tensión ya había pasado, ante el delirio que él mismo se inducía en su propia mente, pensando que sucesos de si mismo que llevarían a arruinar las cosas una vez más.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Niikura Ryuuji el Miér Mar 07, 2012 9:16 am

Atrás de los dos ninjas que ya habían hecho ingreso a la habitación, uno más hizo ingreso, uno cuya apariencia no se parecía en nada a lo que Ryuuji hubiera visto antes. Para comenzar, su estatura era mayor a la de una persona normal, y sus ojos, lo primero que el quinceañero observaba en una persona, eran negros y cada uno poseía lo que parecían ser tres pupilas blancas. Su rostro parecía estar tatuado, y sus dientes parecían nunca haber conocido artículo alguno de limpieza dental, además de que el nuevo recién llegado poseía dos pares de brazos. Considerándola meramente trivial, esta información fue casi ignorada por el Mizukage, al igual que el mismo shinobi, hasta que escuchó sus primeras palabras y su conclusión tan ilógica. -¿Una fiesta...? ¡¿Una fiesta?! -pensó, cambiando su mirada a una de hastío. El shinobi le dirigió la palabra a Ryuuji, pidiéndole alguna actividad, pero antes de que este tuviera oportunidad de responder, una nueva voz hizo su aparición.

Oculto tras la enorme corpulencia del shinobi se encontraba otro, el cual, ignorando las presencias de todos los demás, desafió a un combate al enorme ninja que en ese minuto había dejado de hablar, para después "presentarse" ante el Mizukage, finalizando con una ínfima reverencia, la cual hizo que el joven peliblanco diera un sonoro suspiro. El shinobi que se presentó como Karak se encontraba completamente cubierto por una oscura capa con capucha, la cual no permitía intento alguno de escudriñar la mirada del encapuchado. Esto le quitó el interés que tenía sobre aquél interlocutor, por lo que no correspondió al saludo, quedando inmóvil mientras el hombre que llegó a su despacho decía unas palabras antes de hacer una mueca y acercarse al asiento ofrecido, al igual como ya lo había hecho la kunoichi un instante atrás.

La situación parecía cambiar a cada minuto que pasaba. Desde su asiento, Niikura Ryuuji era testigo de todo lo que en ese momento acontecía dentro de su despacho, el cual parecía a punto de estallar. Una gran gota de sudor rodó por su sien una vez más, como señal inequívoca de la vergüenza ajena que el Mizukage comenzaba a sentir. Sus ojos se cerraron en expresión meditabunda, mientras que decidía qué hacer con todo ese barullo en su oficina. Le irritaba estar con tantas personas, y más con aquél bicho raro, en todo el sentido de la expresión, el cual parecía hablar demasiado, además de hacerlo antes de pensar, cosa que irritaba de sobremanera al peliblanco. Finalmente, este aclaró su garganta, separando el menton del soporte que ambas manos le brindaban, y haciendo con estas el ruido de un aplauso al juntar las bases de sus palmas. A un ojo entrenado, era claro que la similitud entre el gesto del Mizukage y el sello de manos de la serpiente era demasiada como para tratarse de una mera coincidencia.


-Aburame Nisho y Aburame Kabuto... -dijo utilizando un tono serio, dirigiéndose a ambos shinobi que se encontraban de pie. Ya conocía los nombres de todos los presentes gracias a los informes que poseía, los mismos que se encontraban sobre la mesa. -¿Acaso todos los Aburame son así de... raros? -preguntó de la forma más cordial posible, aunque de forma retórica, ya que no dio tiempo para que ninguno de ellos respondiera antes de continuar. -Creo que ya pueden retirarse. Kabuto, ahí está aquél al que te quieres enfrentar, y Nisho, ahí tienes un compañero de prácticas. Lo del combate podemos dejarlo para después, ya que como puedes ver, tengo trabajo que hacer. Nos vemos mañana a las nueve en el campo de entrenamiento. -Sin esperar a que ellos se retiraran, dio por hecho que ya no estaban en el despacho, por lo que dirigió su mirada a ambos ninjas que se encontraban sentados.

-Obuchi Tsuyu-san y Aidan McKinlay, ¿no es así?
-mencionó en un tono ya afable, como si el desorden dentro del despacho hubiera sucedido hace horas. La pregunta era mera cortesía, ya que frente a ellos podían verse sus respectivos archivos. -Me gustaría conocer el por qué se encuentran aquí, sin embargo, primero debo hacer una pregunta. -Su mirada regresó a la jounin, clavándose nuevamente en sus ojos color añil. Al parecer, tanta curiosidad le daban los mismos que no podía evitar que su mirada carmesí los escrutara como si estuviera evaluando el valor de una joya. -¿Le molesta si los atiendo a ambos a la vez? ¿O preferiría darme a conocer el motivo de su visita en privado? -No era una cuestión menor, ya que la pelinegra podía tener información confidencial, importante para la aldea, la cual no podía ser vista por otros ojos que no fueran los del Mizukage.





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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Obuchi Tsuyu el Miér Mar 07, 2012 10:01 pm

Habiendo reconsiderado la idea de un escape poco ortodoxo, la mujer decidió quedarse a esperar que pasara el chaparrón. Miraba hacia adelante e ignoraba todo lo que no estuviera delante de sus narices, como los caballos, empecinada en rezar todas las plegarias que pudiera y dedicárselas a los ocho millones de dioses que abarcaba su doctrina. Se contentó con saber que, de tomar la tarea en serio, pasaría un largo rato inmersa en algo que la apartaría aún más del bochinche perpetrado por los Aburame. Ni los conocía y ya había perdido todas las intenciones de querer hacerlo.

El joven castaño cuyo rostro había escudriñado al verle llegar, tomó asiento a su derecha y permaneció allí, mudo. Tsuyu no pudo evitar compararle con una formación rocosa plantada en la costa, inamovible y terriblemente terca, que no se movería ni por la ola más grande del mundo. Y eso le dio curiosidad. Esa curiosidad infantil que le hacía querer pincharle la cara con un dedo para comprobar si aquél estaba vivo, dado que se asemejaba más a un aporcelanado muñeco de tamaño real que a un humano aparentemente sano. Pero optó por no mirarle. Simplemente entrelazó los dedos de las manos sobre su regazo, y se aclaró la garganta casi inaudiblemente.

Momentos después y para su alegría -oculta bajo una máscara pálida e inexpresiva-, el Mizukage se mostró reacio a dar pie a más alboroto por parte de aquella dupla, y los despachó a ambos con sutileza, habiendo medido sus palabras con antelación. La marionetista se limitó a mirarle mientras hablaba, viendo que no se le movía un solo pelo al joven peliblanco en el correr de su discurso. Estaba impresionada. Para bien. Si ése era el mandamás de la aldea, Tsuyu no tendría problemas en seguirle, basada en una primera impresión.

Salió de su ensimismamiento apenas oyó que se dirigían a ella, adoptando la postura de quien ha sido sorprendido in fraganti a pesar de no haber hecho nada malo. Respiró hondo, acomodó sus pensamientos internamente y se dispuso a dar una negativa. No tenía nada verdaderamente relevante que hacer allí. Simplemente estaba presentándose por si las dudas, a sabiendas del conocimiento del Mizukage sobre su identidad. Tampoco tenía nada que ocultarle a nadie. Estaba en blanco como un pergamino nuevo, sin información importante que transmitir, sin un propósito claro en aquella estancia.

- No tengo problema. He venido a presentarme, a decir verdad, y al parecer ha sido en vano. - musitó con su aterciopelada voz, arrastrando las palabras con pereza. - Y dado que está al tanto de todo, preferiría agilizar el trámite y recordarle que estoy dispuesta a tomar alumnos a mi cargo-. Aquella era una manera elegante de indicar qué papel jugaba en el asunto. Había sido lo más concisa posible, dejando claro cuáles eran sus intenciones y cuán eficaz era en su trabajo. Vamos, que la guerra no espera por nadie. Y eso estaba grabado a fuego en la pelinegra, quien fijó la vista en los orbes carmesí de su colocutor y demostró no estar dispuesta a ceder ni un sólo ápice.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Nisho Aburame el Miér Mar 07, 2012 11:43 pm

Mientras me encontraba en el sitio aproveché para examinar a cada uno de los presentes. Primero centré mi atención en la única chica presente. Parecía de ese clásico modelo de mujer que piensa que con su cuerpo puede cautivar a cualquier hombre y tenerlo a sus pies, cuando le di la palmada en la espalda pude asimilar por su reacción que también pensaba que todos los hombres eran unos cerdos machistas. Para mí, ese tipo de mujeres no es nada interesante así que vi que era una hembra cualquiera.

El otro sujeto, el parecía todo un estandar de los ninjas, calmado, educado, respetuoso. En fin no tenía nada mas que decir de él así que lo asemejé a la categoría de gente aburrida. Por último el mizu, un "niñato olgazán" con un sentido de responsabilidad gracias a su prematuro cargo... nada mal.

Pero mis pensamientos fueorn interrumpidos cuando un sujeto habló a mis espaldas, voltié lentamente para verme cara a cara (si se podía decir así por que tuve que bajar mi mirada para verlo) con el sub-líder de mi clan. Sabía lo primero que me diría y eso me provocó un gran desagrado. Y así como lo había predicho de inmediato me retó por el título que tenía.

-Si lo quieres es tuyo... -le dije al mismo tiempo que caminaba hacia la salida del lugar-. Un "simple" título no es lo que yo quiero, si yo soy el líder lo hago por defender lo que amo, no lo hago sólo para presumir que soy la cabecilla de los aburames, si entiendes mi razonamiento no tengo ningún motivo para no sederte el título de lo contrario estaré desepcionado de tener a un aburame egoista -le comenté mientras miraba hacia atrás aún con todos los presentes en ese sitio, a diferencia de mi presentación mi comportamiento se había transformado a uno muy serio-. Igual pelearemos, si ganas el título es tuyo, si pierdes puede que también lo ganes...

Después de ese momento tan serio el mizu desidió hablar por nuestros respectivos nombres, cuando dijo la palabra "raros" me sentí sumamente alagado y no pude evitar expresar una gran sonrisa en mi rostro. Con unas serias palabras nos dijo que nos retiraramos y que me vería al dia siguiente en el campo de entrenamiento. Di unos cuantos pasos más, hacer reverencia no era lo mio pero si levanté mi brazo superior derecho y le hice un gesto de agredecimiento. Dicho esto salí de la oficina no sin antes escuchar que la chica quería genins a su cargo.

-(Vaya así que es una jounin) -pensé mientras seguía parado fuera del despacho-. (En total somos tres genin en este sitio, pero eso es algo que decide el Mizu, y supongo que tanto para ella como para mí, sería un gran inconveniente trabajar en equipo) -culminé con eso mi pensamiento y seguí caminando por el pasillo dado por hecho que no tenía nada mas que hacer allí.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Aidan McKinlay el Dom Mar 11, 2012 10:24 pm

Spoiler:
Bueno, decidí postear viendo que Karak no lo hacía, espero no sea molestia. La calidad es acorde a mi tiempo. (?)

No esperaba una obviedad más grande que la que había realizado el Mizukage, ante un accionar claro en reacción al dilema entre los presentes, claro que la mayoría de su magnitud no haría otra cosa más que decir las cosas de manera clara como lo había hecho en aquel momento. Asumiendo compromisos con la idea de saciar necesidad que incumbían en torno a cada uno, siendo que en su caso aquello estaba totalmente fuera de sus gustos. Se atrevía a mencionar que, a pesar de tratarse de seres del mismo bando, la situación era un tanto tensa, aunque más calma que antes. Si piel tersa se distendió, adoptando una tranquilidad formidable, pudiendo emanar de esa manera una energía mejor de la que presentaba hace instantes.

Escuchó con predilección cada palabra que se mencionaba, sobre todo aquellas que salían de la fémina, con un afirmación tan particular que provocó que frunciese el seño notablemente. Todo eso terminaba dejando a la viste que su categoría estaba sobre varios de los presentes y, en muchas ocasiones, preferían ser tomados con seriedad al portar un título de esa estima, cosa que para él no era demasiado importante para una persona como persona, valga la redundancia. Cruzó un poco el cuello y puso su mano sobre él, rascándose en la zona mientras se mantenía pensativo, ciertamente no sabía que hacer de su vida, con tal particularidad de estupidez que llevaba encima.

Se atrevió a tomar lugar a responder la pregunta emitida hace un tiempo, después de que la mujer lo había hecho, solo por cuestiones del típico respeto mujeres antes que hombres. – Nada en especial tampoco, simplemente darme a notar como el tiempo demacra la imagen si uno se deja caer en la vagancia. – Mencionó con todas las intenciones de dar a entender que su estado podría asemejarse a la de un clavo oxidado, con tan poca utilidad que eso implicaba solo por dejarse estar. Claro que tenía ciertas intenciones de retomar la actividad, aunque todo lo hacía con una búsqueda propia, con los deseos de tener una defensa ante las adversidades que seguro se le presentarían en el futuro.

– Claro que es preferible posar el tiempo en base a aquellos que aún lo tienen. – Hizo mención ante la posible propuesta por parte del Mizukage de que la fémina eligiese a quién tomaría como alumno, cosa que sería un tanto incómodo de su parte debido a la edad y, justamente, porque se trataba de alguien de aquel sexo, su debilidad. De alguna manera, sentía que en cuanto a los aparentes métodos de rigidez que parecía tener la misma eran muy opuestos a lo que su propia actitud presentaba. No eran más que patrañas, simples excusas, aunque lo más seguro era que no resultasen en lo absoluto, como la mayoría de las cosas que hacía al azar. Pero había que tener cuidado, muchas veces las cosas no eran lo que parecía, otra de las opciones de su hablar no era más que una posible intención de tomar un lugar cercano a la fémina para hacer de las suyas, nunca se sabía.
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Re: Despacho del Mizukage.

Mensaje por Niikura Ryuuji el Jue Mar 15, 2012 2:27 am

Con atención escuchó las palabras de la kunoichi frente a él, sonriéndole con notoriedad al notar que el índigo de sus ojos se mantenía fijo en el intenso rojo de los propios, sin ánimo alguno de dudar o retroceder. Eso le indicó a Ryuuji que podía confiar en ella, al menos por el momento. -Tomar alumnos... -repitió Ryuuji en un susurro, para luego escuchar las palabras del otro shinobi en su oficina, al cual observó curiosamente. Sin duda parecía muy mayor para tratarse de sólo un gennin, pero ¿qué derecho tenía él a replicárselo? Si él mismo parecía ser muy joven para ser Mizukage. El quinceañero cerró los ojos por breves segundos, mientras que su rostro mostraba cierto grado de concentración. Ahora contaba con una sensei entre sus filas, y sería bueno que entrenara a los gennin para que las fuerzas de Kirigakure aumentaran su poder. Sin embargo, no podía entregarle a todos los gennin debido a la sobrecarga de trabajo que eso sería, y tampoco podía dejar de lado a los demás gennin que no entraran en el equipo de Tsuyu. ¿Qué hacer, qué hacer?

-¡Ah! -Exclamó de la nada, abriendo los ojos y sonriendo. Su rostro emitió cierta luz, como si de improviso hubiera recuperado todos esos años de infancia que le fueron arrebatados. -Tengo una excelente idea. Yo también tendré estudiantes, cuatro para cada uno -sentenció alegremente, pero pronto su expresión pasó a una de mayor complicación, con los ojos cerrados y una gota de sudor recorriendo su sien izquierda. -Espero que no sea incómodo para ellos, considerando que mi edad es menor a la de la gran mayoría. -Soltó una risita nerviosa, bastante acorde a la expresión que mostraba en ese minuto, la cual murió en cuanto emitió un suspiro nostálgico, como si le hubieran hecho mucha falta esos segundos de aparente relajo. En cuanto abrió los ojos nuevamente, su expresión se mostraba seria como al comienzo, pero más serena que hace unos momentos.

-Tsuyu-san, su equipo se encargará de los asuntos que se generen desde los límites de Mizu no Kuni hacia afuera, mientras que el mío se encargará de los asuntos dentro del país y de la defensa de Kirigakure no Sato. Exceptuando misiones regulares y situaciones extraordinarias, claro está. Publicaré ambas listas más tarde -musitó con seriedad, dando a entender que esas eran sus órdenes definitivas. En su opinión era lo mejor que se podía hacer con la limitada cantidad de ninjas dentro de la aldea, ya que así no dejaba nada fuera del control de las fuerzas armadas de Kirigakure. Claro, dos equipos no eran lo más óptimo para la ofensiva y defensiva de una nación, pero, por el momento, eran suficientes para un país tan pequeño como Mizu no Kuni.

Como los ninjas frente a él ya habían dicho lo que fueron a decir, a Ryuuji no le pareció necesario extender la reunión, por lo que desenredó sus dedos y posicionó ambas palmas sobre la mesa, enderezando su espalda de modo que quedara sobre el respaldo de su silla. Observó a ambos presentes con una sonrisa afable en su rostro, la cual no hacía que su mirada perdiera su dureza. -Muy bien, si no tienen nada más que agregar a lo ya dicho, pueden retirarse.





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